Surat Shabda Yoga
Sin duda, existen muchas maneras para unirse con el Bienamado, pero en esta era, la forma más natural de yoga es la Surat Shabd Yoga, llamada también: La Yoga de la Corriente del Sonido. Puede ser practicada con igual facilidad tanto por jóvenes como por adultos, y por eso es conocida popularmente como el Sendero Fácil o Sehaj Yoga. Un iniciado en esta clase de Yoga no tiene que esforzarse demasiado, comparativamente hablando. Debe, por supuesto,
meditar de dos a tres horas diarias como lo ordena el Maestro, lo cual consiste en estar sentado en dulce remembranza del Señor y hacer mentalmente la repetición del SIMRAN, o sea la repetición mental de las palabras sagradas que se dan al aspirante al momento de la Iniciación, debe hacerse con la lengua del pensamiento en el asiento del alma, que está entre y detrás de las cejas. Durante este proceso no debe uno presuponer las cosas, visualizarlas o aferrarse en obtener una cosa u otra.
Abrir el Tercer Ojo (el Ojo Singular), es tarea del Maestro. En el momento en que Él se hace cargo del alma, la guía tanto directa como indirectamente, en forma visible e invisible, en este mundo y en El Más Allá, en esta vida y después de ella, y nunca nos abandona hasta que la meta final haya sido alcanzada por nuestra alma. Después de haber tenido tal experiencia, uno comprende la Verdad encerrada en los aforismos siguientes:
“Yo estoy siempre contigo, aún hasta el fin del mundo.” MATEO 28:20
“Porque Él dijo:
Nunca te abandonaré ni te desampararé.” HEBREOS 13:5
“Y de ningún modo rechazaré a quien venga a Mí.”
Encontrar a un Santo Maestro y recibir la iniciación de Él, es la cima de la buena fortuna y es la más grande de las bendiciones. Él tiene las llaves del Reino de Dios, y conduce de regreso a la Mansión del Padre a los que están cansados del mundo y a los que llevan una pesada carga. Él hace que el ser humano redescubra a Dios en las cámaras secretas del alma.
Así como el Maestro es el regalo más grande de Dios, así también Dios es el regalo más grandioso del Maestro, porque sólo por Su gracia podemos obtener la unión con Dios. En verdad no existe ninguna diferencia entre ambos, pues dicen los Santos Maestros:
“Yo y mi Padre somos Uno.”
SAN JUAN 11:17
“Ningún hombre conoce al Hijo, excepto el Padre;
y ningún hombre conoce al Padre, excepto el Hijo
y aquél a quien el Hijo lo revelare.”
SAN MATEO 11:17
También se menciona en el Sagrado Granth de los Sikhs:
“El Padre y el Hijo están teñidos del mismo color.”
“El Padre y el Hijo forman una sociedad.”
De aquí la necesidad de un alma realmente despierta (consciente), pues sin Ella, seguiríamos buscando a tientas en la oscuridad y no podríamos ver la Luz ni lograr la Salvación.
“Cientos de lunas pueden estar brillando
y miles de soles estar encendidos;
y a pesar de esta luz cegadora,
prevalece una oscuridad sobrecogedora.
Sin el Maestro, uno no encuentra
el Camino y vaga errante en la oscuridad.” SAGRADO GRANTH SAHIB
Un Alma Maestra así puede trabajar a través de un representante en países lejanos, y hacer de éste un vehículo para que se lleve a cabo el propósito. Sin embargo, existe una gran diferencia entre el Maestro y Su representante: El Maestro es Perfecto en Su Ciencia, mientras que el representante se encuentra todavía en el proceso de andar el camino y todavía no es
perfecto. De manera que tenemos que dirigirnos siempre al Poder Maestro, el cual trabaja a través del Polo Humano escogido que es el Maestro Físico, para obtener guía y ayuda perfectas, hasta que podamos comulgar internamente con el Poder Maestro.
sáb
01
ago
2009
Las referencias a la Luz y el Sonido, dicen los Maestros del Surat Shabda Yoga, no son en sentido figurado, sino literal, refiriéndose no a la iluminación y sonidos externos, sino a aquellos internos y trascendentes. Nos enseñan que el Sonido y la Luz trascendentes son las manifestaciones primordiales de Dios cuando El se proyecta en la Creación. En Su estado sin nombre El no es ni luz ni oscuridad, ni sonido, ni silencio, pero cuando El toma forma, la Luz y el Sonido emergen como Sus atributos principales.
mié
15
abr
2009
En el cinematógrafo de la vida somos todos actores y espectadores: al mismo tiempo que distraemos e inspiramos a otros con nuestras experiencias observamos las incidencias de las películas de otras vidas.
Las películas de sucesos comunes se filtran en el este, oeste, el norte y el sur. Las distintas naciones, con sus distintas costumbres, tradiciones y actividades ofrecen, en escenarios de de climas distintos, un material infinitamente rico para producir películas-vidas de renovado interés.
La cámara mental de cualquier hombre, filma todos los días, en cualquier momento y en cualquier parte, películas educativas, cómicas, dramáticas, espirituales y sensacionales.
Los “films” en que otros hombres sufren, nos producen tristeza y nos determinan a ayudarlos; al consolarlos, encontramos alegría a través de su dolor.
Algunos seres humanos son felices ayudando a sus semejantes. Si se limitan a llorar y a identificarse con los sufrimientos de los demás no significarían auxilio ninguno, pues el dolor aumenta el dolor; este solo se disminuye y se alivia al contacto del potente remedio de una mente feliz.
Los individuos muy nerviosos, los que sufren de melancolía o de pesimismo anémico y los que se desesperan ante los menores contratiempos, no obtienen provecho de la tragedia humana.
De ahí que sea necesario prepararse mentalmente para observar con provecho las experiencias desgraciadas de los demás y capacitarse para auxiliarlos y hacerles ver la vida como una película que enseña y deleita.
Los cinedramas de la vida deben ser siempre distintos para ser interesantes.
No atrae a nadie ver repetidas veces las mismas comedias o análogos hechos prosaicos, o idénticas tragedias horripilantes. El espectador desea variedad; difícilmente soporta dos veces una misma película. Por eso el Gran Director mantiene todos sus elementos en continua variación.
Por qué no tomar, entonces, la vida sencillamente como una película. Para hacerlo, debes prepararte para la variedad y proteger tu mente contra el dolor. Debes ser actor y al mismo tiempo espectador de tu propia película y de las ajenas. Mientras representas tu papel luchando con las enfermedades y con los fracasos. Sufriendo accidentes o soportando pruebas, debes tener conciencia de que estás haciendo solo eso: representando un papel.
Permanecer indiferente frente a los inevitables desgracias, enfermedades, fracasos repentinos y obstáculos imprevistos que contiene una vida. Por ser hijos de Dios somos perfectos, y debemos recobrar esa conciencia, entendiendo y apreciando el significado de nuestra vida y sus problemas.
El Gran Director de la Compañía de Películas de la Vida es Felicidad Pura, y nosotros, sus hijos, estamos hechos a su imagen de Felicidad. De ella venimos, en ella vivimos y a ella vamos.
DE YOGANANDA
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